martes, 16 de abril de 2013

Tecnología en el deporte¿Bueno o malo?

La tecnología y el deporte son dos materias condenadas a entenderse. En multitud de disciplinas parecen haberlo entendido hace años y han introducido mejoras tecnológicas para dar un salto cualitativo en velocidad, justicia y calidad de juego. Sin embargo, el deporte rey por excelencia, el fútbol, parece haberse estancado en el siglo pasado.La tecnología y el deporte son dos materias condenadas a entenderse. En multitud de disciplinas parecen haberlo entendido hace años y han introducido mejoras tecnológicas para dar un salto cualitativo en velocidad, justicia y calidad de juego. Sin embargo, el deporte rey por excelencia, el fútbol, parece haberse estancado en el siglo pasado.

La Premier se sube al carro

A raíz de este aperturismo tecnológico de la FIFA, la Premier anunció hace unos días de manera oficial que contratará el sistema 'Ojo de halcón' (utilizado en tenis) para revisar los posibles goles a partir de la próxima temporada. Este sistema permitirá a los árbitros revisar en el momento si ha habido gol o no en las jugadas dudosas. La liga inglesa se está planteando incluso poner la repetición en el propio estadio además de en la televisión para que los aficionados vean que la tecnología está siendo aplicada. En España, la RFEF ya ha comentado que podría adoptar este sistema en dos o tres años.
Pese a todo esto, el fútbol sigue siendo un deporte bastante anticuado y muy reticente a cambios, pese a que los ejemplos de otros deportes han demostrado que la introducción de mejoras tecnológicas no afectan al espíritu del deporte. El caso es que mientras en otros deportes se instalan sistema informáticos, en fútbol se ha buscado una solución del siglo pasado: poner dos árbitros por partido.

¿Más árbitros en lugar de un ordenador?

Son los llamados árbitros de área. En teoría, su función es la de ayudar al árbitro en posibles goles fantasma y en toda acción que ocurra a su alrededor. Sin embargo, durante todo el tiempo que esta figura lleva existiendo, su aportación ha sido escasa, por no decir nula. Como ya ocurre con los linieres, estos auxiliares del fondo del campo no se atreven a pitar nada hasta que no lo hace el árbitro. No se suelen mojar, así que, en el fondo, todo sigue dependiendo de la limitada visión del trencilla principal.
A diferencia del fútbol, hay otros deportes en los que la tecnología no solo se ha convertido en un elemento de apoyo, sino que ha pasado a ser indispensable para la práctica de dicho deporte. Es lo que ocurre en el fútbol americano, deporte en el que cada partido lo graban unas treinta cámaras de alta definición colocadas a lo largo y ancho de todo el estadio.
Gracias a sus repeticiones los árbitros puede juzgar acciones polémicas o que han generado en alguno de los dos equipos. De hecho, desde que hace unos años se instalaran las repeticiones instantáneas, el entrenador de cada equipo tiene derecho a tres reclamaciones. Para ello, tiran un pañuelo rojo a la pista. Entonces, los árbitros acuden a una banda y ven la repetición desde los ángulos que quieran. Incluso pueden congelar la imagen si lo desean.
Pese a que esta práctica es muy habitual en el actual fútbol americano, se ha logrado que un partido no se convierta en una sucesión infinita de parones por reclamaciones. De hecho, la afición ha acogido de buen grado las repeticiones y la mayoría de la gente opina que ahora es un deporte más justo.
A día de hoy, el fútbol está a años luz del tenis o del fútbol americano, aunque parece que, paso a paso, la tecnología va ganando terreno a aquellos mandatarios anclados en el pasado. La clave para poder introducir mejoras en el deporte rey es conseguir que esas innovaciones no afecten al ritmo del encuentro ni al espíritu del deporte. Pero, ¿si eso se ha conseguido en otras disciplinas, porqué no iba a lograrse en fútbol?
La FIFA no se atreve a dar un cambio radical e introducir la multitud de propuestas que le han llegado durante el último lustro para evitar que se generen polémicas como los goles fantasma, los fueras de juego, las simulaciones o las agresiones que el árbitro no ha podido ver. Eso sí, el máximo organismo del fútbol mundial parece que ha abierto una pequeña puerta al cambio con la confirmación de que en la próxima Copa Confederaciones y en el Mundial de Brasil se utilizará el 'goal control'.
Consistirá en instalar un pequeño chip en el balón y en cada una de las dos porterías para verificar si el balón superó la línea de gol o no de manera completa. De ese modo, se debería acabar con la problemática de los goles fantasma.

martes, 2 de abril de 2013

El guepardo robotico

Un nuevo y fascinante "guepardo" robótico puede que pronto supere a sus homólogos de carne y hueso en la eficiencia al correr. En las pruebas en una cinta móvil, los investigadores han comprobado que el robot, aproximadamente del tamaño y peso de un guepardo real, gasta muy poca energía mientras trota. En pruebas futuras, cuando el robot sea capaz de galopar, se espera que esa eficiencia se mantenga.

La clave para el éxito reside en los motores eléctricos livianos instalados en los hombros del robot, que producen un valor alto de torque con muy poco desperdicio de energía en forma de calor residual. Además, los motores se pueden programar para que ajusten rápidamente la rigidez de las patas del robot y la tasa de la amortiguación (o "acolchamiento") en respuesta a fuerzas externas, como por ejemplo un empujón o un cambio en el terreno.

Lograr la eficiencia energética en los robots con patas ha resultado ser un desafío sumamente difícil. Los robots como el Big Dog, de la conocida empresa de robótica Boston Dynamics, llevan pesados motores de gasolina y transmisiones hidráulicas, mientras otros robots energizados eléctricamente requieren de grandes conjuntos de baterías, engranajes, sensores de fuerza y muelles para coordinar las articulaciones en las patas. Toda esta pesada maquinaria puede producir un gasto de energía significativo, particularmente cuando las patas de un robot necesitan entrar en contacto muy a menudo con el suelo para trotar o galopar.

Al enviar un robot a buscar personas atrapadas entre los escombros de una catástrofe o a realizar otras tareas de emergencia, como en el desastre de Fukushima Daiichi en Japón, lo ideal es que el robot sea autónomo y que pueda avanzar sobre superficies escarpadas, que por desgracia son poco aptas para los robots con ruedas. Si un robot con patas pudiera pasar al menos dos horas corriendo a una velocidad comparable a la de animales como el guepardo, no sólo andando como hacen los robots con patas típicos de hoy en día, podría inspeccionar un terreno mucho más amplio. Pero una de las razones por la que los robotistas han venido considerando imposible fabricar un robot con locomoción energizada por electricidad y que haga las cosas descritas es porque las eficiencias de los diversos diseñados probados han sido desalentadoramente pobres.